Ya toca. Soy el primero que afloja la cincha y saca la albaceteña de seis muelles, para defender, a lo Curro Jiménez -más bien Algarrobo-, lo que de bueno tienen los blogs, pero creo que en este mundo hacemos muy poca autocrítica.

Amigos, creo que la vanidad nos está inundando y es posible, que los codazos por colocarse ahí, en primera línea "por si acaso", empiecen a volar, y esto si es muy malo para la esencia del blog. Últimamente, mientras leo blogs de aquí y de allá, noto cómo la autoimposición de medallas es casi más importante que mantener la frescura y la cabeza fría. ¡Queridos, somos gentes que escribimos por placer, como una manera de exorcizar una pasión que puede resultar demoledora si no nos situamos en el mundo en que vivimos! Como dice Pallarés, soy "amateur".


¿Qué les pasa a los críticos al uso? Pues que su campo de influencia está bajando, tanto en cuanto cada día más gente se acerca a leer los blogs gastronómicos. ¿Y por qué? Pues porque no conectan, no enganchan tanto como antes, sus declaraciones sectarias y llenas de elitismo, producen rechazo desde la primera coma. Sus guías pierden sentido pues no son reflejo claro de su propuesta sino más bien son guías que quieren "ir a misa y repicar".¿Y esto nos influye? Pues sí. Ahora nos creemos que vamos a coger su testigo.

Pues queridos miembros y "miembras", ni lo soñéis. Si pensamos ocupar su lugar, lo único que haremos es caer en el ridículo más espantoso. Ese no es nuestro lar . Sí lo es el de los críticos con blog, el de escritores gastronómicos, el de influyentes empresarios. ¡Bienvenidos!

Hace unos meses, Gastronomicae, escribió una entrada, que luego borró, esclarecedora. Comentó una visita a un restaurante de postín sin haber ido. Parecía real como la vida misma. Luego aclaró que era falsa. Me gustó mucho la manera de poner sobre la mesa uno de los males de las bitácoras. Y es que, como muchos cocineros, podemos ser autodidactas y leer lo que se cuenta por ahí, ponerlo en práctica para disfrutar o simplemente para hacernos valer como seudo-expertos gourmets.

Yo auguro una debacle de este mundo en beneficio de los blogs profesionales. Es más, estos fagocitarán a sus comentaristas y estos, a su vez, dejarán sus blogs porque lo interesante -al parecer- es estar ahí, en el candelero, que se vea que quién comenta, es el que tiene o tenía un blog, algo que sube y mucho, el nivel de la propia bitácora. Es decir, se busca que quien lea nuestro comentario, sepa : "y quién es él, en qué lugar se enamoró de tí, ...., a qué dedica el tiempo libre...." como cantaba Perales. Quienes sí están en el sitio -como José Tomás- sin ningún interés -creo-, son aquellos que comentan sin blog, pues es para quienes se escribe, además de para el propio autor.

Siempre me pregunto, cómo es posible que ninguno de estos gurús comenten en otros blogs. Si buscáis no dicen nada, y eso me preocupa. Me preocupa porque es una manera de dar poco valor a lo demás en favor de lo propio. Es, creo entender, una buena estrategia para no perder el supuesto poder.

Luego está el mundo troll, un mundo aparte y que es espoleado por las reacciones airadas en contra. ¿O quizá nos interesa darles caña para así buscar más adhesiones inquebrantables? Me pierdo.

También, muchas veces nos convertimos en palmeros, en acólitos de quien lleva años escribiendo, criticando y creándose una fama de sabio, aunque no haya pisado una cocina en la vida, aunque no sepa qué siente un cocinero en plena faena o qué padece cuando vadea la ruina personal y empresarial. Por no sentir, en muchas ocasiones, no saben lo qué es ser un cliente anónimo.

Todo esto por no hablar de qué dicen o hacen los cocineros por cambiar este primer mundo de glotones, mercaderes y malnacidos.

No lo voy a negar. En unos días este pingüe gourmet cumple cuatro años, y me encuentro en plena reflexión. Creo que este mundo necesita renovación y quemar etapas antes de que estas te obliguen a hacer lo que no quieres.