Soy un ser anónimo
Blogueando con mi café tostado Tomoca, radical, achocolatado, etíope por la gracia de Luis, recopilo la indignación de muchos que se sienten aburridos por lo cansino que supone la exigencia de la identificación de quien escribe. Es curioso porque hay críticos que firman con pseudónimo, que reservan con nick y aquí nadie se hace el harakiri. Incluso hay páginas web, que no blogs, como la de los 3 Cerditos que se firma con pseudónimo, se corta el bacalao y los demás aplauden hasta con las orejas por el valor que tienen, eso sí, con el mismo anonimato que a éstos no achacan y a los blogs sí. Me indigna este reclamo casi impositivo porque es no entender, de nuevo, lo que significa un blog.
Un blog se escribe desde un aparato que está identificado y que se puede seguir, y si alguien se siente injuriado o vejado o yo qué sé qué, puede pedir que se aplique el Código civil o el penal o celestial, o el militar o el de la comunidad de vecinos, lo peor. O puede borrar el comentario -lo recomiendo- o bloquear la entrada a esa dirección ip.
Dejemos de ser anónimos, ¿qué cambia?. Nada. Leo en alguna crónica blogogalega, -¡Tremendo trabajo el de este grupo!- que algún mandamás del ente gastronómico cree que los blogs son recetarios de am@s de casa colgados en la red. Pues también existen, son necesarios, son honestos, son blogs. ¿Y?
Identificarse me parece que está sobrevalorado. ¿Cómo afecta a una crónica el firmarla como Roberto González o como el pingüe? Nada en mi caso y nada en el de muchos otros blogs. Si he contado que no he comido bien, que no me han tratado correctamente, ¿van a apuntar mi nombre y van a impedirme la entrada, o van a tratarme mejor la próxima? ¡Antibloguero, manifiéstate!
Yo no temería a los blogs, tampoco los sobrevaloraría pero sí los respetaría porque en la mayoría de los casos somos gentes que pagamos nuestras facturas, haciendo un esfuerzo, en el mayor de los casos titánico, al acudir a un restaurante laureado o no tanto. Da la casualidad que siempre oigo a los grandes, Arzak, Adrià, Roca,.... contar que ellos respetan a sus clientes porque muchos son gentes que se privan de cosas por asistir a su restaurante. ¿Por qué siempre son los grandes y los de medio pelo y mediocres no aparecen pero se quejan?.
Una pena, la verdad, que con el tema del anonimato se trate de criticar a los blogs. ¡Identifiquémonos!. ¡Hagámonos publicidad, como dice alguno, al firmar nuestro blog!, y esperemos a ver cuál es el próximo "pero", el próximo reproche que se nos puede hacer. Hay que tomarse con deportividad el asunto, tanta como con la que se toman los profesionales, gurús, y con derecho de pernada de este mundo.
Por cierto, ¿no habíamos quedado en que los críticos intentan que no se sepa que asisten a un restaurante para permanecer anónimos y así comprobar qué siente un cliente "normal"? ¿No habíamos resuelto que es una buena manera de hacer más objetivo lo que de subjetivo tiene el gusto? Me he perdido.
Cada día me recuerda más este asusto al desatado en la anterior Madrid Fusión por Santi Santamaría: hay gastrocons -palabra de Agulló- , en este caso antiblogs, y hay gentes que piensan, pensamos, que todos tenemos algo que decir.
Yo soy Roberto González, para servirles a ustedes. El deneí sólo a la Benemérita. Bueno, esto ya lo sabían.
Pachi dijo
No me he enterado mucho de esta movida.Quien exige que nos identifiquemos? De momento exigir, exigir...es algo muy feo.
Yo no tengo un blog anonino por decision propia.Nunca me importo poner mi nombre, ni tampoco pense que no hacerlo fuera a ser malo.
Cual es su queja? Que los que no ponen nombre se escudan en el anonimato para...para que? Si aqui la mayoria estamos para nuestro disfrute y a ser posible el de los demas compartiendo lo que guisamos, comemos o bebemos.
21 Febrero 2008 | 03:31 PM