"Es que esto es intolerable. Ya el personal de servicio no lleva cofia, las mujeres en vez de llevar minifalda por encima de las rodillas y camisas blancas ajustadas van en pantalones y camisa larga. Es más, ya no hablan un perfecto castellano, ni un perfecto gallego, ni un perfecto catalán ni nada. ¡Esto es el acabose!. ¿Hacia dónde va el país? ¿Hacia doónde va la hostelería?"
Despierto de la pesadilla; me pasa por oír las noticias en estos días, me pasa por escuchar a Arias Cañete, por cierto, un gran y buen comilón al que alguna vez serví....
Más allá de que estos comentarios sean desafortunados e injustos -quitemos hierro todos-, más allá de que parecen salidos de una conversación de barra de bar tras unas cañas o verdejos, más allá aún de que hayan servido para entrar en el tema de la sanidad, qué pequeño despropósito, son unos comentarios muy poco ajustados a la realidad.
Hace ya años, ocho, tuve de compañeros a gentes del otro lado del charco y sinceramente, además de comprobar que los colombianos, peruanos, ecuatorianos...., hablan infinitamente mejor que nosotros y que usan el idioma con corrección, no encontré mayor diferencia a la hora de acometer sus funciones. Bueno sí y puede parecer un tópico: eran más agradables que yo a última hora de la jornada.
Mi pregunta sería: ¿qué hubiera sido de la hostelería si no hubiera gente que quisiera trabajar en este sector? Por lo que yo sé y hasta donde llegan mis "luces", el ciudadano inmigrante no es el problema, es en éste caso la solución.
Entonces, ¿el servicio está en crisis? Pues es posible, las escuelas apenas reciben alumnos y los empresarios no reciclan a sus trabajadores. ¿Qué hacer? Pues primero apostar por la profesión y no ver a los trabajadores de hostelería como serviles sino como empleados que dan un servicio.
Quizá se necesitaría un Arguiñano de la barra o del comedor para ayudar a este Ave Fénix. Me ha gustado mucho oír una reflexión de Adrià en el programa de radio de Maribona Salsa de Chiles , en la que ponía en valor la aportación de Arguiñano. Él decía que si hubiera querido tirar por tierra a los cocineros de este país lo hubiera tenido fácil y no lo hizo, todo lo contrario.
Pues eso, en vez de desprestigiar a la hostelería apoyémosla los clientes, los trabajadores, los empresarios y los políticos. Y olviden la "cofia moral", déjenla como recuerdo, asócienla a los tiempos de las películas de Gracita Morales, aquella que ya avisó con su ¡Cómo está el servicio!, que ya ha llovido y ha escampado.
Bravo!!! Genial post!!
Me ha gustado el post, y como dices tu Roberto, hay que empezar a ver a los trabajadores del sector como gente q te da un servicio, me parece bien. De todas maneras si bien es cierto que no entra gente en las escuelas de hosteleria, pienso, y es mi impresión personal que mucho empresario hostelero, sobre todo cuando el tipo de negocio lo permite prefiere a los extranjeros o bueno no puede contratar otra cosa porque ningun profesional de escuela de hostelería está dispuesto a trabajar en la condiciones de salario y horario de esa gente. En resumen no solo dejar de p ensar q se trata de gente servil, sino profesionales cualificados y valorarlos como tal.