Hay una tienda de ultramarinos cerca de la casa de la Esther que aguanta el acoso de tres supermercados cercanos a base de ofrecer calidad en frutas, verduras, hongos y en bacalao. Dependiendo del producto de temporada llena su pequeño escaparate con cajas de madera o plástico duro repletas de género fresco.
Yo pasé esta semana a por bacalao y me llevé la mitad de una bacalada de casi ocho kilos, de las que cada vez quedan menos. No me decidí por los lomos ya precortados y envasados porque suelen ser de varias bacaladas y no todas están igual. El tendero del colmado me cortó a trozos generosos la momia y yo lo puse a desalar en el único sitio y para mí el mejor , que es el frutero que todos los frigoríficos tienen.Es perfecto: plástico duro, con gran capacidad, absolutamente encajable en el espacio y fácil de manejar. ¿Y por qué? Pues porque estaba harto de usar un bol de cristal, pequeño, que siempre me ayudaba a poner perdido todo el suelo y parte de la ropa.

Ahora que lo voy a cocinar y veo las tajadas con esas lamas, con el color blanco y el reflejo nacarado de su carne, me doy cuenta de lo mal que nos va a ir cuando bichos como este desaparezcan. ¿Qué vamos a hacer con el frutero?.