Quesería Artesanal de Mucientes
Tener tesoros al lado de casa es un regalo para los que nos dedicamos a esto de comer y de rajar antes, durante y después. Reconozco que cuando me planteo ir a por un producto, ya sea a una ganadería a por leche de oveja o a una bodega o como es el caso a por un queso a una quesería, las horas anteriores me siento inquieto. Será por esto que en ocasiones las expectativas que me creo son excesivas y luego me siento decepcionado.
Este no es el caso.
El domingo fui a por queso, de nuevo, a la Quesería Artesanal de Mucientes. En la anterior ocasión, antes de la sobremesa en la bodega subterránea de mi santa, no nos atrevimos a abrir el queso pues la mesa estaba repleta de manjares, a saber, calçots, torta de Pollos, butifarras, ....., y luego, cuando os iba a hablar de estos quesos pues...., bueno se estaban acabando.
La quesería es un edificio situado en una loma, de aspecto rústico y amplio y la empresa con una dirección joven y las ideas bien claras. "No vamos a comprar jamás un litro de leche a nadie", me aclararon. "El queso se hace en la quesería pero se crea en el pasto", continuó. Amén.
Sus ovejas son de raza Asad y Churra, la autóctona, ambas mezcladas al cincuenta por ciento. La explicación está clara: la churra da leche de muy buena calidad pero muy poca producción lo que sí da la raza Asad.
Seguimos hablando de ovejas, de la demanda de quesos que están teniendo y de su firmeza en contra de la superproducción, y de paso me adjudiqué dos medios quesos grandes, uno semicurado y otro curado, ambos elaborados con leche cruda de oveja, ambos absolutamente espectaculares.
Dos medios porque enteros y de un kilo y pico no les quedaban. Buena señal.
Y de remate unas cuajadas hechas, atentos, de leche y cuajo únicamente, sin agar, sin gelatina ni ningún otro producto extra. Unas cuajadas de textura más blanda que las que suelen venderse y de profundo sabor a leche de oveja, cómo no, de dos en dos.
Todo un lujo a tiro de piedra, en Mucientes, un pueblo inmerso en la D.O Cigales, que intenta sobrevivir a la especulación inmobiliaria pero que mientras, fija población joven con iniciativas como estas. Si esta semana alguien se deja caer por este Valladolid repleto de capirotes, nazarenos y tallas de incalculable valor, y necesita bajar al "infierno" de la gula, debería escaparse a quince kilómetros y cargar, no vaya a ser que en el purgatorio no haya ágape y haya que llevarse la fiambrera del campamento.
Alberto dijo
Pensarás tú ir al purgatorio....
Al infienrno de cabeza, todo el día pensando en las satisfacciones mundanas.
Por otra parte allí marmitas y fuego ya hay, no?
2 Abril 2007 | 11:47 AM