Desde que más o menos me entero de lo que va este mundo, llevo viendo los conguitos en los kioscos. Se podría decir que es una golosina tradicional si tenemos en cuenta que llevan más de 40 años endulzando y alimentando dentistas que solucinan nuestras caries. Hoy me estoy despachando unos cuantos, y mientras, me lo paso en grande leyendo lo que se dice de la ponencia que ha dado hoy Santi Santamaría en Madrid Fusión. Deben andar los ánimos caldeados así que permanezcamos atentos a lo que mañana se dice en prensa, a lo que se dice en los mentideros y a lo que se cuenta en los blogs de relumbre como el que mantiene Carlos Maribona.
Sin embargo, me llama la atención que algunos entiendan que lo que ha expuesto en este foro/espectáculo/ exposición/negocio de Madrid Fusión Sati Santamaría es una vendeta contra la cocina tecnológica. Pues bueno, si como punta de lanza de esta tendencia tenemos a Adrià y ayer éste habló de producto -para chasco de muchos- no encuentro la diferencia entre una y otra. Es más, creo que ambas tendencias puede llegar un día a converger en alguno de sus ideales. Tengo la sensación que la revolución tecnológica de Adrià se va a ralentizar en favor del conocimiento del producto. Y esto es algo que quiero pensar ya que según he leído de su ponencia de ayer, se detuvo en la esencia del producto y en cómo sacarle el máximo partido. Tecnificar al extremo la comida y olvidarse por completo de esta tecnificación, creo que puede llevar al cocinero a una esquizofrenia creativa en la que desaparecerá de la realidad para vivir la otra en la que vive durante horas delante de un fuego y en la que es posible que se quede sólo ante el rechazo del publico en general. Por eso, creo que el éxito de los conguitos perdurará aunque ahora les hayan incrustado una serigrafía. Seguirán porque aunque tradicionales y ahora técnicamente perfectos siguen manteniendo la esencia.