Aún no me he recuperado. El viernes en Cuatroº vi Soy lo que como y de principio a fin un escalofrío recorrió mi nuca. Allí apareció una familia, un frigorífico, un sobrepeso y una nutricionista que bien podría ser el hada madrina mala de cualquier cuento, cuento gastronómico me refiero. Sacó sus conjuros a pasear e hizo detallar lo que comían y lo que bebían ante el miedo, ¡sí, miedo!, de la familia que veía que algo estaba apunto de suceder. Les dió el desayuno, la comida y la cena. A la madre le dio para el pelo con un tono cuasi machista cuando es a ella a la que encomiendó la labor de hacer la dieta más saludable de su familia y la causante de la situación actual, algo que por cierto, en el avance del siguiente programa no remedia y directamente y con todas las letras acusa a la madre de ser la culpable. Todo esto por no hablar de lo tremendamente duro que es mostrar a unos padres qué le va a suceder a su hija con la dieta que sigue ahora. Es para mi, un detalle víscera que sobra, aunque es, visualmente, algo que venderá por lo que de morbo tiene. Es más, si hubiera una maquinita al lado de las básculas de farmacia con una pantalla en la que te mostraran tu evolución, la evolución que el programita de marras cree que vas a tener, los vendedores de la dieta de la alcachofa serían los nuevos ricos.
Vaya por delante que es un programa que considero ambicioso y necesario, ahora bien, creo que el tono catástrofe, de reprimenda, que impera, al menos en este primer capítulo, me hace dudar de que sea agradable al espectador porque hay algo que se olvida: el factór lúdico de la acción comer. No es lo mismo comer sano que disfrutar comiendo sano, por mucho que la autoestima suba y que la aceptación dentro del grupo sea óptima. Comer, como beber, ha de ser algo que genere momentos de placer, sólo así creo que se generará el cambio de hábitos. Enseñar a comer de una manera saludable, enseñar que es una actividad sumamente placentera debería de ser de ser una asignatura obligatoria desde ya. Aunque, y no quiero ser pesado, es un cambio que generaría una revolución en cadena que sacaría a la luz otros intereses, o es que nadie se ha preguntado alguna vez a quién le interesa que seamos obesos, a quién le interesa que consumamos en exceso, a quién generaría un gravísimo problema en el balance económico de fin de año.
En otro tono me pregunto que sucedería si las cámaras de televisión del programa entraran en la casa de un gastrónomo o de un aficionado a la mesa. O qué sucedería si te acompañara la nutricionista, como en el programa, a las mantequerías y colmados en busca de viandas, mariscos, conservas, frutas, verduras.... y ella considerara que eso es casi delito. Yo os juro que me encadenaría al mostrador de Joselito mientras pelo una de esas mandarinas de cáscara almohadillada que invaden las fruterías.
Comida, salud, felicidad, un equilibrio, a mi parecer, difícil pero no imposible.