Dia 1. Mi Saeco en marcha.
Hacer un buen café siempre es un misterio. Todos hemos sido pasto de las cafeteras de filtro, de las italianas de rosca y de su versión de acero inoxidable, muy brillantes pero decepcionantes, había que remover el café con una cucharilla nada más salir porque si no el líquido del fondo era negro azabache y el de la superficie aguachirris por no hablar del café de émbolo, al que yo he sido aficionado y que más de un amigo estuvo a punto de rechazar una invitación a cenar por ser poseedor de este artefacto de virtudes laxantes.
Sea por lo que sea todo el mundo apreciamos donde se sirve buen café y donde es un auténtico fracaso, por el abuso de torrefactos o de cafés sin tueste adecuado, eso sí, más baratos. Recuerdo que por aquel entonces un café salía por diez pesetas precio coste, ahora no creo que sea mucho más caro con lo que el margen es amplio como para sacrificar unos céntimos en mejorar la calidad.
Historias de la Saeco Aroma tengo dos: Rafa se hizo con una hace ya unos años y compró otra a sus padres, no por buen hijo sino en pago de servicio de plancha y restauración y ya que estamos para tomar buen café también en su casa familiar. Raúl hizo un trueque no hace mucho de una cafetera de filtro por una Aroma blanca, y lo hizo con nocturnidad, con el pretexto de quitar un trasto, en la magnífica casona restaurada con mimo, que sus padres tienen en Curiel de los Ajos. Estos son mis amigos. Mi historia es más simple, la compré en una liquidación, cuando en realidad iba a por un armario Liebherr para vinos.
Días como hoy, en los que hay que volver a ver el poster corporativo con lemas parecidos a "Hacia un futuro mejor" o "Tú eres nuestro capital", que de lo que te dan ganas es de decir al morenazo/a de tu jefe/a que te capitalice el finiquito para tener un futuro diferente, hay que pensar en hacer la última inversión del verano. Si estáis decididos os recomiendo la Saeco Aroma. Rellenadla con agua mineral, comprad un café natural seleccionado, aplicadle la presión justa y colocad un vaso de cristal en el que ver como la espuma beige se infla ante vuestros ojos mientras el aroma invade la cocina y la casa. ¡Vamos, vamos, que llegas tarde, deja de mirar!.
clasiqueces dijo
Yo ya no concibo tomar café sin ese invento maravilloso que es tener una máquina express en casa. Se te caen las lágrimas con esa espuma de café posada como una isla en tu taza.
Debo defender mi maltrecho "honor"... que yo le regalara una a mis padres después de comprar la mía no fue en pago de servicios de lavandería y avituallamiento, sino para poder tomar buen café cuando les visito: lo mío es puro egoísmo.
Es curioso que lo de la Saeco haya sido una especie de cadena de favores. Yo me la compré porque la descubrí en casa de mi valenciano amigo JuanRa, un gourmet de primera que tiene una mano en los fogones de algo más que un aficionado.
A ver quién es el próximo que "pica"...
1 Septiembre 2006 | 10:51 AM