Así se titula un libro de Pierre Hermé, de pequeño formato, repleto de recetas básicas y clásicas de pastelería, un recetario ante el que santiguarse. Lo compré en París hace un año y realmente es una pequeña joya. Lástima que no esté en español para que todo el mundo pueda acceder a él.
Fijándome en sus fotos y en los ingredientes de sus recetas caigo en la cuenta que muchas de estas delicias no serían tales si no se hubieran descubieto continentes, regiones, comarcas y estas no hubieran estado habitadas por gente que cultivara y recolectara cacao, vainilla, ...... Muchos de ellos son países subdesarrollados y empobrecidos. ¡Qué paradoja!.

Todo esto es extrapolable a nuestro primer y empachado mundo. Si todos esos pequeños agricultores que cuidan las semillas de generación en genración, buscando la pureza de sabor, desaparecen día a día, un futuro oscuro y uniforme nos espera.

Un futuro tan oscuro como el que se cierne sobre el cielo de los libaneses, de los habitantes de ese pequeño país que sufren la incomprensible sed de sangre de los terroristas como la poca sensibilidad de los agraviados por estos. Paz.