Tordesillas: cocina, carretera y pueblo.
Tengo la sensación que siempre que nos proponen ir a comer a un pueblo o ciudad coqueta tenemos reservas. Una excusa buena y quizá real es el inconveniente que hay que conducir y que es mejor quedarse en la capital. Es posible que por esta reacción nos perdamos buena parte del encanto de los bares y restaurantes de pueblo. "¡Ya está aquí el rural!", parece que estoy oyendo. Amigos, el Bulli es un restaurante de pueblo y hace unos años, no tantos, había que echarle valor para por una carretera de costa, conducir y llegar sin llantazos o rotura de la amortiguación. ¿Y qué decir del Mugaritz?. Para algunos este restaurante esta allá.
¿Y los bares de carretera?. Las Rejas es un restaurante de carretera y si no pones empeño en encontrarlo te sales de las Pedroñeras y tienes que regresar para intentarlo de nuevo. Me parecen suficientes argumentos para desterrar del vocabulario, la utilización "de pueblo" o "de carretera" de manera despectiva.
Y si no, aquí tenéis mi último grupo de compañeros que tuvieron a bien, compartir conmigo el curso que ofrecí en el restaurante San Antolín de Tordesillas. Aquí hay cocineros, cocineras, camareros y camareras de pueblo, de carretera, de residencias de ancianos, pero no catetos. Profesionales que tienen que soportar, en ocasiones, desplantes nuestros y que se reconfortan dando de comer al obrero, más pausado, mejor comedor y más agradecido. Ahora las cosas están cambiando. La cocina de muchos de estos bares y restaurantes, están incorporando técnicas nuevas y se atreven a colocar, al lado de la bandeja de jijas y del plato de tortilla de patata -dos clásicos-, pinchos y platillos de nuevo cuño.
A mí me gusta parar en carretera y relajarme del viaje, en los bares de pueblo, herederos del teleclub. Y allí, como cuento en "Sobre mi", cumplo mi deseo: no como sólo, veo a la gente comer, y de paso me invento la historia y la vida de cada uno de los clientes con los que comparto barra.
Nemo dijo
No solamente de exquisitos y renombrados restaurantes vive el hombre, sino de esos sencillos y populares figones de carretera donde te ofrecen verdaderas esquisiteces hechas con primor, entrega y esperanza.
8 Abril 2006 | 01:11 AM