¡Qué me ha dado por pensar, oye!. ¡Qué extraño!.
¿Es posible que las guías y los críticos con sus crónicas estén creando monstruos?. ¿Y si estos monstruos se revelan y les fagocitan?. ¿Y si el día que se va a comer a un restaurante, tras leer la crónica de un diario, nos damos cuenta de que hay algo raro?. ¿Y si la soberbia se apodera de estas estrellas fulgurantes y entran en recesión?.
Muchas son las voces que hablan de críticos amigos, críticos benevolentes con ciertos restaurantes y sus cocineros, incluso de críticos que si se les cobra desciende la calificación al restaurante. El apoyo de la crítica puede ser en un principio un aldabonazo para seguir. Depende luego de los cocineros y del personal de sala para madurar o para caer verde del árbol.
Hace poco he leído que un crítico se ha cabreado con, según un pícaro deslenguado, uno de sus delfines, con una de sus apuestas. Le ha bajado la nota y éste, en un arrebato ha largado de lo lindo sobre él y sobre sus colegas en una mesa pública, algo que por otra parte hace el tal señor en cuanto le ponen un micrófono en un evento. Bueno, nada nuevo. Si a mí me suben a las alturas y de repente uno de los arneses no funciona me pondría nervioso y proyectaría mis fracasos encarnándolos en el crítico.
Lo que no me parece serio es todo lo que se mueve por debajo. Por poner un ejemplo: resulta que hay un cocinero mediático, de nueva ola, que lo que más resaltan de él es los riesgos que corre cuando cocina. Ya. Y que es un tipo de familia de cocineros, como si esto significara algún tipo de prebenda o algún mérito a la hora de calificarle. Pues bien, un familiar, del cronista, es el que lleva la parte de prensa de dicho cocinero, al que el crítico compensaba con excelentes críticas. Vaya, vaya.
Otro ejemplo. Un día, no hace mucho, se me ocurrió organizar visita y homenaje, a uno de los restaurantes con más proyección de la capital. Lleno total y de repente, se presenta un crítico. Entramos a las diez de la noche y salimos a las dos de la madrugada, después de ver como se le atendía con ritmo, con atención y cómo a nosotros se nos sacaban casi fríos los platos, cómo el menú degustación no había cambiado en un año y de remate "os pongo unos postres al centro para compartir", tal cual.
Desgraciadamente he visto, y sufrido, otra serie de cosas, como por ejemplo que un crítico, que venía de comer de otro restaurante y entraba con gafas de sol en la cocina, a las diez de la noche, no probó los postres ni otros platos y luego escribió : "los postres actuales, sin nada que resaltar". Bajó la nota. Anécdotas.
Lo peor de todo es que cuando a alguien no le gusta la cocina del restaurante o un plato en concreto se le descalifica llamándole innexperto o poco curtido en la materia. Si bien es cierto que saber cómo es una técnica óptima es cuestión de tiempo y dinero, pues has de educar el paladar buscando "la madre" de esa textura, no es de recibo que se admitan las críticas con tan poca cintura, sobre todo porque el que la hace paga su menú, y no está sugestionado negativamente, y si lo está, es siempre positivamente por mérito del crítico.
Por eso, siempre me tomo todas las críticas con cautela, como espero que las que yo haga, como aficcionado, se tomen. Son meramente subjetivas y que lo único que las hace ser tomadas en consideración es que el número de lectores que prueben lo aconsejado por el periodista o por el aficionado, coincida con lo apreciado por el comensal. Cuestión de estadística.
La pregunta que surge, cuando a alguien le entra la inquietud por conocer algo más es el por qué es tan caro el asistir a un congreso, por qué es tan difícil ser invitado a mesas redondas o encuentros, salvo honrosas excepciones, si de lo que se trata es de universalizar la gastronomía. Bien. Yo creo que es un error de libro el no hacer más asequible estos eventos. Se quejan los cocineros que el número de comensales a restaurantes de autor o restaurantes estrellados es un número fijo. Esto quiere decir que no aumenta año tras año y que las generaciones siguientes a estos gourmands, no sienten interés por algo que les resulta extraño, carísimo, pijo y snob. Salgan con una alcachofa y pregunten.
¿Y si el mensaje que se traslada cambia?. ¿Y si desde la educación primaria -ayer escuché una soberbia entrevista al cardiólogo Fuster y hablaba sobre este tema- se enseñara a comer?. ¿Y si los cocineros bajaran del pedestal a las aulas?. Por cierto, como no empiecen a bajarse tarde o temprano les van a bajar.
Me extraña que los eventos no sean abiertos. Sé que son caros de organizar y muy complicados por lo que implica sacar al cocinero de su restaurante, a algunos, pero no sé si se han dado cuenta que los tres mil que pueden llegar a entrar a estos eventos son público ganado para la causa, público que en un porcentaje altísimo repiten año tras año, lo que quiere decir que no hay rotación.
Y ya por último, cosas que me preocupan. ¿Alguien ha escuchado a los cocineros reunirse para tomar una postura frente al hambre en algún sitio, congreso....?. Yo no, y creo, aunque se me tache de demagogo, que ya va siendo hora. ¿Hay alguien que sepa más de comida que un cocinero?. En este momento, como en los 80 eran los médicos, en los 90 los abogados y economistas, ¿no son los cocineros los reyes del mambo, con un mensaje que llega rápido al ciudadano?. Pues a bailar y a arremangarse, que ya va siendo hora, majetes. Que lo de la intimidad de las actuaciones benéficas me parece muy bonito incluso muy moralín, pero a mí me interesa saber quién y qué se hace. Lo mismo me llevo sorpresas. ¡Ojalá!.
Alguno sé que tiene inquietudes e incluso lo lleva a gala incluyéndolo en el currículo. ¡Ay cómo nos gusta la fama y el oropel!. ¡Qué razón tienes Bob. Nos encanta el "Loef", aunque sea falso.
Zarzu dijo
Enhorabuena por el post. No puedo estar más de acuerdo contigo. Tengo un pequeño restaurante de temporada. Intento realizar mi labor lo mejor posible con los escasos medios de los que dispongo. Mi gran problema son los cocineros, de hecho ya no busco grandes profesionales, me basta con que sean buenas personas con gusto por su trabajo. Me han llegado muchos con recetas de lo más variadas que después no eran capaces ni de hacer una buena ensaladilla.
Espero que bajen de la nube en la que están cocineros, críticos y fenómenos mediáticos. Son profesionales que como todo el mundo debe intentar hacer su labor lo mejor posible, como cualquier otra persona en su puesto de trabajo.
30 Marzo 2006 | 12:23 PM