Siempre negro sobre blanco
Cuando entro en casa ajena, siempre me fijo en los libros que tienen. Normalmente los tienen en una habitación distinta a la que eres convidado. Pero a mí siempre me han gustado los libros que me miran, que me apartan de la pantalla y me convierten en un individuo más racional. Alguien me dijo, no sé si mi hermano, que los libros a veces se compran por metros lineales y es una definición que a mí me hace gracia.
Este fin de semana ha nevado, no es una noticia nueva pero para esta ciudad es un acontecimiento. Tanto es así que cuando cogí el coche para ir a por los periódicos, me dí cuenta que me estaba fijando en las cunetas para ver si era mi día o si era el día de la Benemérita y me iban a inmovilizar por ser el chulito sin cadenas, el tonto del día. No fue así.
Los días de nieve se pueden hacer muchas cosas, una de ellas es un muñeco de nieve pero desde que vi el de Tenerife hace unos meses, se me han quitado las ganas de bolear. ¡Cielos, que horror de escultura!.
A mí lo que me gusta es caminar por las calles nevadas. El eco no existe, los pasos se amortiguan y me encuentro frente a una inmensidad blanca, oyendo mi respiración y mirando hacia atrás para ver mis huellas, las mas profundas que voy a dejar. Cuando regreso sobre lo andado, procuro pisar las anteriores, para no romper la armonía del blanco.
Por esto, cuando llegué a casa y tras ver que el periódico no justificaba mi aventura, me senté frente a los libros, y repasé uno a uno. Me di cuenta que había cosas, fotos, sensaciones que estaba olvidando y hasta la hora de comer y con dos cafés, paseé por la estantería sin oír ningún eco pero con el sentimiento de paz que me provoca el recordar la primera vez que tuve en mis manos cada uno de los libros, como cuando nieva y eres el primero que pisas. Siempre negro sobre blanco.
joichi dijo
en la revista tiempo de esta semana recomiendan tu blog.
felicidades
28 Febrero 2006 | 01:35 PM