Cuando se hace la inaguración de la nueva casa, has de pensar que es como el que enseña un Rolls Royce Phanton heredado. No lo mostrarías lleno de barro, ni con migas de pan del último bocata que has comido a la carrera ni con los cristales tomados por el barro de una obra como si fuera una retroescavadora.
Tengo un amigo que dice que en ocasiones agradece que haya invitados en casa a cenar porque es la única manera de bajar el palé de periódicos y revistas que tiene acumulados en el lateral del sofá. Comencé entregando una copa de cava Torelló Gran Reserva, para empezar la velada. ¡Delicioso!. Una razón más para no entender este insensato Boicot. Lástima de mes, en unos días los calçots estarán en plena temporada y el mercado repleto de ellos.
Nos sentamos y seguimos con unos boquerones con fresas y Forum, haciendo honor a los ausentes Martí, Mari, María y Teia, siguió una terrina de pulpo, un pisto con foie y huevo, y un pollo de corral ecológico cocido lentaménte en horno, casi 5 horas, con langostinos tigre, cebolletas glaseadas y un caldo de sus huesos machacados junto a las cabezas del marisco.Finalizamos con un helado de chocolate con música. Café espreso, natural y en su punto, y nubes para no perder el sentido lúdico del acontecimiento. Y entre risa y risa, reflexión sesuda y guiños al pasado, gin-tonics de Bombay Sapphire . Nos bebimos un magnum del clásico Protos, que guardé para este día.
Para repetir. No estaban todos los que deberían de estar, pero en esencia así fue. Incluso vosotros, los que me leéis y discutís sobre mi criterio. Al fin y al cabo, lo que uno recupera cuando mira en la distancia es el sentido crítico de su humilde y tradicional cocina.

Por cierto, no hablamos de la recogida de firmas del PP, ni de las viñetas noruegas, ni del Estatut, ni de los papeles de Salamanca, ni de Bono, ni de Mena, ni de HB, ni de Chavez, ni de Bush, ni de ZP, ni de Blanco, ni de Aznar, ni de Carod Rovira, ni de Mas, ni de Aceves, ni de Rajoy, ni de nada que entorpeciera lo que siempre ha sido mi mesa, lugar de encuentro. Por esto, mi desprecio más absoluto a todos aquellos, del gremio, religión, sector o clase que sea, que hagan que el ambiente sea irrespirable y que busquen rentabilidad política, empresarial, publicitaria, laboral, ocasionando que los grandes beneficiarios sean los dueños de la farmaceútica dueña de la patente del ALMAX.