Cuencantado
El viernes, después de tres horas de atasco y desesperación llegué a Cuenca. Posiblemente sólo se me ocurre a mí atravesar Madrid a las ocho de la tarde pero así lo hice y después de pensarlo no me arrepiento.
La mañana del sábado nos esperaba las Pedroñeras y sus señas de identidad: los ajos y el restaurante Las Rejas, restaurante que por cierto no se ve y que quién no esté atento puede creer que el restaurante estrellado es un mesón de carretera sin ningún aliciente salvo el de alimentarse.
Tras perdernos llegamos con retraso. Nos atendieron y se lo agradezco pues nos concedieron la petición de menú degustación. Vaya por delante que el tener un restaurante en la mitad de la nada no es fácil y que mantener calidad y productos frescos cada día en la carta es casi un milagro.
Lo primero fue una ostra con azafrán y cítricos excelente, deliciosa y yodada, con lo que esto implica. Le siguió un atún marinado suculento, una ensalada, de escabeche de caza, perfecta de punto, la maravillosa y premiadísima sopa de ajo de Manolo de la Osa, besugo con callos de bacalao y una lechona confitada que para mi gusto estaba un poco seca.
De postre crema de azafrán quemada y helado de chocolate; sandía, aceitunas negras y naranja.
Un menú correcto pero del que yo esperaba más. Detalles simplemente: un snack, bombones y golosinas para el café,......
Repetiré. Creo que merece la pena aunque siempre me pasa lo mismo con las estrellas Michelín: una estrella en Madrid no es lo mismo que en Cuenca, ni que en Gerona, ni en Zamora, ni en Barcelona, ni en Málaga..... Conclusión: Si es cierto que hay un patrón, del que hay que fiarse es del que se adapta al gusto personal. La sugestión es mala compañera y las grandes expectativas un riesgo.
Ultrasónica dijo
acertaste con el restaurante. Es uno de los mejores de la zona, aunque como bien dices, creo que pasa bastante desapercibido a pesar de su calidad.
13 Julio 2005 | 01:53 AM