"Pan con pan comida de tontos"


La Esther, mi abuela, siempre nos decía esto cuando comíamos pan con la sopa. Claro, estaba mejor el pan con un chorro de vino cosechero y azúcar, con el que pasábamos el verano. Ella le daba el toque justo, si se pasaba escurriría y si se quedaba corta, corría peligro la garrafa, mi hermano y yo no teníamos medida y derramábamos la mayor parte. Ahora, esta rebanada no tendría tanto éxito. Aquel vino, flojo de grados, empapaba la miga prieta del pan lechuguino y sabía a bodega, a la bodega donde íbamos de merendola.

París huele a horno panadero. Esta última semana más pues como en toda Francia se celebraba la fiesta del pan. Cuando alguien habla de la Francia gastronómica con desdén, siempre pienso que se está siendo un poco temerario. La plaza del Ayuntamiento la ocuparon dos carpas gigantes. Una con varios hornos, que no paraban de hacer pan y otra con secciones dedicadas a la mantequilla, a la molienda del grano, a la levadura y al azúcar. En esta segunda había mini molinos funcionando para mostrar el proceso de obtención de la harina, explicando lo que es la fuerza de la harina y todo aquello que fuera menester.
En la primera, algo fundamental. Niños haciendo pan. Importante ejemplo de cómo hay que hacer las cosas. ¿Los niños no comen bocadillos, o entrepanes porque les gusta más la pastelería industrial?. ¿No será que no se les enseña el proceso de elaboración?. Más que nada para que sepan que no es algo que crece como una zanahoria, los niños no son tontos y lo cogen a la primera.
Maestros y maestras panaderas y panaderos, jóvenes, adultos y aprendices, se afanaban en dar a probar barras y panes de diferentes tipos. Empanado terminé y con mucho gusto lo volvería a hacer.
Pregunté su receta y me la dieron amablemente: 10gr de levadura, 700ml de agua, 1kg de harina, 20gr de sal.
Después, por la tarde me fui directo a Poilâne, a buscar el que dicen mejor y más tradicional pan de Francia. Un pan de masa prieta, un poco ácido pero de factura impecable, hecho -creo- con masa madre tradicional. Posiblemente durará una semana en la panera.
En la rue Cherche Midi, se encuentra la panadería, en la que por cierto no venden baguettes, no por nada, es que no hacen.
De camino a casa, compré pan de queso y pan de olivas en una boulangerie cercana a Ópera. El paseo duró unas horas y mientras me acordé de Almu ,de Bob al pasar por una librería en el barrio latino, de Ana al pasar por Prada, de Pep cuando el barco pasó por delante de un duplex, ideal para una pep-fiesta, de Margarita cuando entré en una de las innumerables tiendas de material de cocina -alucinarías-, de Antonio cuando vi como publicitaban con una revista la sección gourmet de las Galerías Lafayette ..... Porque sí amigos. París bien merece un paseo, y si es empanado mejor.