Lo digo porque si el Espíritu Santo tiene que llegar va a encontrar el patio de San Pedro revuelto y no sé si va a saber donde posarse o se va a dar el piro. Para colmo de males, la paloma, que ha visto humo salir por la chimenea, sentirá que tanta espectación no puede ser nada bueno, más aún cuando aplauden a la salida de la fumata ya con ella dentro. Un lío.

A pesar de todo estoy contento. Esta expectación, mezcla de devoción y a la vez de mojigatería, me ha hecho recordar la maravillosa película El festín de Babette y mientras decidía cuándo hacer la cena me he sentado a verla.

Babette llegó a un pueblo perdido, regentado por un religioso-pastor, que se había montado una secta con la que mantuvo, a pesar de su ausencia, una influencia que obligaba a los feligreses a no albergar ningún sentimiento. Claro, llegó ella, e hizo lo prohibido: preparar una cena francesa, como regalo a quienes la habían acogido: blinis con caviar, codornices "en sarcófago", deshuesadas, rellenas de foie y trufa, horneadas dentro de un volován; vinagretas de oliva, vinos y champagnes, licores......
Lo que sucedió después y antes es algo que debéis descubrir. No creo que la programen en ningún canal de televisión pero seguro que no os arrepentiréis de verla. Un deleite..
Por eso, yo propondría a Babette al Vaticano para que cocinara para los purpurados, aunque mejor sería no cocinar nada, por si sus estómagos vacíos pueden inclinar el voto.
¿Veis humo?. Me tiene intrigado esto de la paloma.