Viriato nos ha recibido a golpe de chaparrón y charcos justo el día que íbamos a estrenar la estrella Michelín del Rincón de Antonio en Zamora. Antonio González parece un personaje sacado del Quijote, no sólo por su estampa sino porque encarna la dureza de una profesión ejercida en una ciudad castellana acostumbrada a lo que por estas tierras se denomina "sota, caballo y rey" o lo que es lo mismo : cocinar en contra de lo establecido.
En la barra nos esperaba para darnos la bienvenida con vino de Toro y bacalao. También es un bar de tapas y aunque no tenga expositor ni platos a la vista él las realiza al momento, a contracorriente de la tradición de esta ciudad.

¿Trasgresor?. Pues yo creo que no. Y si lo es será por atreverse a incluir, mar adentro, platos de mar y montaña. Para recordar: cigala con alcachofas, queso de la Setera y suave aroma de ajo; pichón con piña y cítricos y un guiso de garbanzos y boletus confitados. Sólo por probar estos platos, merece la pena el viaje. Dos postres: su delicioso chocolate en texturas y el otro, una regular combinación de crema de yogurt y limón, con helado de coco-piña.
Todo regado con un delicioso Liberalia Cuatro y el "otro": un Non Dum tinto 2002decepcionante.