He devorado el libro El inspector se sienta a la mesa, de Pascal Rémy, en el que cuenta sus andanzas y desventuras con "la Guía".
No es un libro de cabecera pero si es un libro que transmite algo. Es curioso pero estoy muy de acuerdo en alguna de las reflexiones que hace acerca de los chefs y de sus agobios por conseguir, mantener y "pulir" las ansiadas estrellas MICHELIN.
En veinticuatro capítulos desgrana sus años como inspector, los personajes que ha conocido y la deriva, a su juicio, que está llevando a que la guía pierda prestigio por culpa del marketing y de los intereses creados. Habla de masonería, de polvorientos y lúgrubes despachos, de compañeros conformistas y de alguna anécdota, como la de la inspección que creyó hacer a un hotel, que en realidad era un burdel, y que se dio cuenta al oir ciertos sonidos guturales que de sus habitaciones salían.
Creo que la guía debería tomar nota, porque me temo que Pascal Remy no habla desde el rencor. Creo que siente desamor. Basta leer su último párrafo: "Es urgente que la Guía vuelva a convertirse en una institución fuerte, compañera de la gastronomía. La Guía está mucho mejor situada que ninguna otra para asumir su propia sucesión".
Pascala, Pascal. A pesar de todo, y que conste que estoy muy de acuerdo con Pascal Remy, creo que muy a nuestro pesar la Guia Roja seguirá siendo una referencia. Es triste comprobar como algunos de los grandes cocineros de España anhelan coconcer quién sube y quién baja de la Michelin. Roberto, ¿no crees triste que los españoles, los mejores cocineros en este momento, esperen el reconocimiento de una guía francesa? ¿Es que acaso no hay guías igual de fuertes pero de origen nacional? Espero tus acertados comentarios.
Rafael Quílez
Hay varias guías en España. Unas me gustan menos que otras. Hasta ahora el salir en la Michelin era lo "MÁS". Creo que la tendencia está cambiando. Lo que me gustaría es que se tomara en cuenta la trayectoria de la Guía francesa, a saber, de lo bueno aprender y de lo malo escarmentar. No olvidemos que todas, en mayor o en menor medida, se han "mirado" en la Guía roja.
Lo peor es la presión diaria por estar en esa guía. Lo más divertido es cuando se rumorea que ese día van a venir los inspectores a comer (¿no van de incógnito?) y las triquiñuelas que montan algunos chefs para ese supuesto día de control.